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Editorial #2: Rompiendo los muros del aislamiento

La epidemia del COVID-19 ha intensificado las luchas de lxs migrantes contra el confinamiento, contra el empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo, por la libertad de circulación y por la situación legal.

En Grecia, el mayor corredor hacia Europa, alrededor de 80.000 migrantes están actualmente atrapados en campos y centros de detención colapsados. Ocurrieron huelgas de hambre en dos prisiones de pre-deportación, en Paranesti (norte de Grecia) y Moria (isla de Lesbos). En ambos casos, fueron reprimidas con violencia policial sin precedentes, incluidas tortura y alimentación forzada. En la isla de Chios, hubo disturbios después de la muerte de una mujer de 47 años que presentó síntomas de COVID-19, pero que su hospitalización fue rechazada pocos días antes. Lxs migrantes atacaron las oficinas del servicio de asilo, enfrentaron a la policía por horas y quemaron patrulleros y puestos policiales. En Austria y Francia, lxs detenidxs en prisiones de pre-deportación están enfatizando sus reclamos por liberación por medio de huelgas de hambre, y personas confinadas en diversos campos están protestando contra las condiciones agravadas bajo la cuarentena. Mientras tanto en India, trabajadorxs migrantes han protestado repetidamente por el derecho a regresar a sus pueblos, en lugar de quedarse confinados en lugares colapsados y sin recursos durante la cuarentena en las grandes ciudades y en las zonas industriales en las que trabajan.

La pandemia del COVID-19 se diseminó en pocos meses, aun con las cuarentenas y la prohibición de los viajes, ignorando las fronteras de los Estado-naciones militarizados por gobiernos reaccionarios. Frente a la crisis, los medios tradicionales han reforzado los sentimientos de pertenencia a la comunidad imaginaria, “interclasista”, de la nación. Esta comunidad imaginaria tiene efectos bastante materiales para las condiciones de vida de proletarixs que buscan mejores mercados donde vender la única mercancía que tienen: su fuerza de trabajo. El nacionalismo ayuda a suprimir los conflictos en el trabajo y en la reproducción, llamando a trabajadorxs y a patrones para luchar juntos: contra la nueva amenaza invisible, el COVID-19, y también contra un viejo enemigo, lx extranjerx.

La situación actual ha servido como una lente de aumento para las condiciones de trabajo en sectores que utilizan masivamente la fuerza de trabajo migrante; condiciones que en general están invisibilizadas. En China, donde la migración interna es regulada por el sistema hukou – que excluye millones de trabajadorxs del sistema de salud, educación y asistencia social – las políticas estatales ahora intentan amenizar los efectos económicos de la pandemia por medio del relajamiento de las reglas de residencia. En Europa, los Estados están organizando excepciones para importar la fuerza de trabajo de trabajadorxs migrantes temporarixs, lo que muchas veces incluye períodos no remunerados de cuarentena y también acomodaciones en confinamiento. 80.000 trabajadorxs rumanos volaron a Alemania para trabajar en la agricultura, también han sido reservados por fincas en el Reino Unido vuelos programados para trabajadorxs temporarios, el Estado griego está arreglando el transporte para 7.000 trabajadorxs de Albania, y el gobierno de Ucrania ha recibido pedidos para enviar trabajadorxs a distintos países. Esto no está limitado a la agricultura: en Austria, trabajadorxs búlgarxs y rumanxs fueron traídos para trabajar en establecimientos de cuidados.

La discrepancia entre cerrar las fronteras o restringir la circulación, de un lado, y los esfuerzos en reacomodar trabajadorxs, en otro, está relacionada con el funcionamiento global del capital, que rebaja costos por medio de la relocalización de procesos productivos y el traslado de fuerza de trabajo barata donde sea necesaria. Las políticas de migración son un método institucionalizado de devaluación del precio del trabajo y de separación de la clase trabajadora. Estas políticas dan documentos para algunxs, los rechaza a otrxs, y hacen la distinción entre residentes, migrantes y refugiadxs, estxs últimxs padeciendo de una lentitud deliberada en los procesos burocráticos, además de encarcelamiento, militarización de fronteras y deportaciones. Las fronteras no son impermeables, sino que permiten a algunxs el paso según la presión del movimiento de la población migrante y las necesidades del mercado laboral. Además, los Estados pueden recibir importantes fondos para controlar y gestionar el “excedente” de fuerza de trabajo migrante, como en el caso de las fronteras de la Unión Europea. El impacto de la distinción entre “nativxs” y “extranjerxs”, o residentes y no-residentes, se vincula con su relevancia en el amplio espectro de estrategias que estratifican a la clase trabajadora, incluyendo otras políticas de los mercados laborales, la restructuración de los procesos laborales y la división del trabajo.

La pandemia empeora las condiciones para lxs migrantes, quienes ya están, en condiciones usuales, atrapadxs en el medio de este proceso estructural dirigido a introducirlxs diferencialmente en las economías capitalistas locales. En las partes del mundo donde ya existe una fuerte migración, ccada vez más las personas están enfrentando la fuerte represión estatal y la opción entre arriesgarse a contraer el virus o morirse de hambre. Es probable que la pandemia exacerbe las causas de la migración mitras que reduzca las posibilidades de hacerlo.

En los centros de producción capitalista estamos siendo testigos de una escalada simultanea de represión. En varios países hay una suspensión de derecho o de facto de las leyes de asilo y ni siquiera una pretensión de preocupación por la salud de las personas en los campos y centros de detención: cuando se detecta un caso de COVID- 19, simplemente se lxs coloca bajo una cuarentena colectiva (en algunos casos con la persona infectada todavía en el interior) y son tratadxs como un peligro para la salud pública. Lo mismo sucede con el trabajo: en una gran fábrica de carne en Alemania, Müller-Fleisch, la reacción a mas de 100 trabajadorxs infectadxs fue simplemente poner a toda la fuerza de trabajo, mil personas, bajo “cuarentena”– en este caso significó que no pueden hacer nada más que trabajar. La propagación de la enfermedad en el reducido lugar de trabajo y en las atestadas viviendas, donde la mayoría de lxs trabajadorxs subcontratadxs de países del Este Europeo comparten baños, cocina y habitaciones, no es una preocupación mientras la producción pueda continuar y el público más amplio no se vea afectado. En EEUU el estado usó el “Acto de Defensa de la Producción” para evitar que los mataderos cierren en respuesta a las huelgas salvajes y las protestas de lxs enfermxs por lxs 12.000 trabajadorxs que contrajeron COVID-19 y lxs 48 que murieron.

Así, el COVID- 19 también resalta la dependencia de trabajadorxs migrantes. Siendo que las personas ya no pueden moverse a través de las fronteras y regiones, las opciones para los Estados y las compañías para movilizar la fuerza de trabajo requerida son limitadas. O bien organizan ellos mismos la migración (temporaria) de trabajadorxs, o reclutan trabajadorxs residentes. En este momento están empleando ambas opciones, y ambas exponen las contradicciones de una política anti-inmigración que tan en boga está: la primera da cuenta que la “inmigración cero” es mera retórica, acompañando la gestión actual de un mercado laboral estratificado para maximizar las ganancias. La segunda, implica hacer que la población local haga trabajos exhaustivos por bajos salarios. Estos trabajos son rechazados por muchxs, porque recolectar pepinos por una par de pesos no parece ser ni remotamente un buen trato. Este aumento de la visibilidad de la demanda estructural del capital de mano de obra barata e intensiva expone que la propaganda que sostiene que lxs migrantes bajan los salarios es falsa. En este contexto, la interdependencia de trabajadorxs locales y migrantes se pone de manifiesto y comienza a emerger el potencial de luchas unificadas.

El aislamiento físico y social, agravado aún más por el régimen del COVID- 19, y por el crecimiento de la legitimidad social de las políticas anti-inmigración en muchos Estados alrededor del globo, dio rienda suelta a las fuerzas de Estados represivos para aplastar las luchas migrantes. Pero aunque estas luchas, en gran parte previas a la pandemia de COVID-19, son generalmente invisibilizadas por los medios hegemónicos, lxs migrantes han registrado sus acciones en twitter y otras redes sociales y difundido sus luchas.

Necesitamos romper los muros del aislamiento y las divisiones impuestas sobre nuestra clase, viviendo y luchando juntxs en contra del capital y de este mundo!

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