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Sobre la toma del McDonald’s en Marsella, Francia

Por la OPIC (Organización para la Internacional Comunista), desde Marsella.

Desde anteayer, en Marsella, empleados y trabajadores de los distritos 13 y 14 ocupan el McDonald’s de Sainte Marthe. Lo han convertido en un centro logístico para la entrega de comidas gratuitas y otros bienes de merodeadores a todos los distritos de Marsella. Hasta la fecha, se han entregado más de 500 comidas por dia. Sobretodo, nos gustaría decir que lo que está sucediendo en Marsella no es una lucha, sino una supervivencia. Sólo hay elementos de organización en nuestra clase. El caso de la ocupación del McDonald’s en Sainte Marthe es uno de los pocos elementos que plantea esta dimensión.

Recordaremos que los trabajadores de McDonald’s y la dirección de McDonald’s estan en litigio desde hace mucho tiempo. Un conjunto de luchas atraveso toda Francia, en una serie de relaciones de fuerza: estos trabajadores tienen un verdadero conocimiento de la resistencia en el trabajo, de pie a pie, desde el campo de la legalidad (un conocimiento muy preciso de la ley y sus contradicciones) hasta el de la acción directa (ocupaciones, bloqueos de McDonald’s). En el McDonald’s de Sainte Marthe se organizaron varias actividades en solidaridad directa con las luchas, como el bloqueo de las cajas registradoras y la organización de una velada en apoyo de los presos del movimiento del chaleco amarillo, que se extendió a todos los presos.

Nosotros afirmamos que la gestión de la contención y de la catástrofe humana que se está llevando a cabo en Marsella se está gestionando de manera humanitaria, es decir, en una gestión asociativa y policial. Hay muchas conexiones entre estas dos formas de gestión.

Asimismo, las formas de organización de la lucha que vemos son internas a la relación entre la gestión de la comunidad y la gestión del Estado. Hay un conflicto en torno a la gestión de la legalidad: prohibición de viajar, confinamiento, utilización de asociaciones.

Esta situación es importante: la comunidad es al mismo tiempo un espacio de organización y al mismo tiempo el último cerrojo ante la expresión espontánea de la venganza de nuestra clase.

Así, por el momento, no hay requisa de bienes, de alimentos, en la acción de los trabajadores de Saint Marthe, excepto, y esto es lo más importante, el restaurante McDonald’s de Saint Marthe. Todo lo demás son sólo donaciones, y esto se hace en colaboración con las asociaciones de la zona.
En ausencia de lucha, las acciones de otras asociaciones, los medios de solidaridad, a menudo ellos mismos heredados de la lucha, se movilizan y forman la primera organización inmediata.

Por muy formidable que sea la movilización de las donaciones de las asociaciones, nunca podrán alimentar a toda Marsella. Marsella es la ciudad qué más proletarios sin reservas tiene Francia. Esto significa que si se producen 500 comidas en este momento, es a la vez grande y pequeño: se necesitarían 500 McDonald’s para satisfacer las necesidades de la región de Marsella. Y 500 donantes de alimentos.

Esta situación de centralidad no es ni conveniente ni posible, por lo que sólo podemos desear la organización básica de nuestra clase para el avituallamiento.

La acción de los trabajadores de Sainte-Marthe, en el medio del confinamiento, es un acto de valentía. Sin embargo, por ahora sigue siendo el sustituto de un Estado que no duda en gestionar los distritos del norte de Marsella como otros gestionan sus colonias: mediante el aislamiento, el laissez-faire y el aprovisionamiento de paquetes humanitarios.

La lucha està en la raiz de esta iniciativa, la cual hace posible esta confianza. Ante la adversidad y porque los trabajadores de McDonald’s tienen esa obsesion de no dejar hacer la multinacional, consiguieron ser capaces de organizarse como lo hacen hoy en día, para tejer lazos en el nido de avispas que es el “negocio de la miseria” en Marsella.

No criticamos de ninguna manera estas formas de organización colectiva. Por otro lado, sostenemos que sólo los proletarios en lucha podrán frustrar los planes de la burguesía, como hicieron los trabajadores de Saint Marthe al requisar este McDonald’s.

Los “barrios” de Marsella son hoy escenario de disputas en las colas entre los trabajadores para recibir ayuda alimentaria. El ejemplo de Sainte Marthe debe ser utilizado ahora por otras iniciativas para hacerse cargo de estos centros sociales, estos comercios, espacios de organización barrio por barrio, donde los habitantes puedan definir sus propias reglas de organización frente a la pandemia y al Estado.

Para nosotros está claro que esta situación de confinamiento planteará muchos retos.

En primer lugar, porque el confinamiento empeora la situación de los trabajadores. En estos tiempos de confinamiento, se despilfarra por todas partes. La gestión estatal de la escasez es perjudicial e inaceptable. Hay muchas reservas de alimentos. Y sin embargo, hay riñas por la harina y el aceite en ciertos distritos de Marsella. Existen una cantidad impresionante de productos que hoy en día son desechados por las tiendas de comestibles, supermercados, almacenes.

Antes, durante o después del encierro, siempre habrá proletarios que trabajen duro por su supervivencia y burgueses que prefieran desperdiciar la comida antes que dárnosla gratis. La gratuidad no debe ser un momento, para que pueda durar se precisa luchar.

En segundo lugar, la situación en nuestros sitios de trabajo es absurda. Hacen que todos los repartidores se sometan a pruebas (a menudo con la misma máquina, por cierto), despiden a los trabajadores de McDonald’s que usaron su derecho a retirarse del puesto de trabajo por motivos de salud, las personas se ven obligadas a trabajar tras la amenaza de ser procesadas, se restringe el derecho a la huelga, y todo ello sin poder hacer cumplir las normas impuestas sobre el respeto de las distancias entre los trabajadores. Se untan furgonetas de trabajadores que han tenido el virus sabiendo plenamente que es inutil, se monta un espectáculo, se utilizan mogollon de métodos completamente absurdos y a menudo degradantes para pretender manejar la situación. Las normas de seguridad suelen ser eso, y sólo eso: un espectáculo, y el empleador queda relevado de responsabilidad y aprovecha la situación para acusar al trabajador de no cumplir las normas.

Esta situación no puede sino empeorar, ya que al mismo tiempo se ha anunciado en casi toda Francia la reapertura de los “Drives”, que emplean a muchos proletarios que ahora están reducidos a la pertenencia a “barrios”.

Por todo esto, es imposible volver al trabajo y a la vida cotidiana sin preguntarse por el poder.

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