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Repartidores de aplicaciones en Acre (Brasil) realizan paro durante la pandemia

Por Amigos del Perro-loco
Originalmente publicado en Passa Palavra

En estos últimos días, estar sobre dos ruedas para ganarse unas monedas se volvió más peligroso. Aun con las calles vacías, sin el estress del tránsito, la llegada de la pandemia a Brasil asusta incluso más el cotidiano desde siempre arriesgado para los repartidores de aplicaciones.

Inspirados por los paros que ocurrieron en varias ciudades de Brasil desde el principio del año, los repartidores de aplicaciones venían de intentar organizar un paro nacional por medio de los grupos de Whatsapp y Facebook, para el lunes 23/03. La convocatoria reclamaba mejores valores por entrega, fin de los cancelamientos y bloqueos de cuenta por rechazo a pedidos o por puntaje, mejor trato de parte de los dueños de los establecimientos y una serie de pequeños ajustes.

Pero pasó que llegó el virus, y la situación cambió. Con el cierre de los comercios, en un primer momento el número de pedidos bajó. En muchas ciudades, el paro se confundió con la necesidad de aislamiento ante el riesgo de contagio.

En el Acre (provincia en el Norte de Brasil, en el corazón de la Amazonia), algo bastante interesante ocurrió: después de tres intentos frustrados de huelga, esta vez la mitad de los repartidores de apps de Rio Branco (la capital) aderieron al llamado nacional y paralizó sus actividades. Al principio reclamaban mejores valores por entrega y un mejor trato de parte de los dueños de establecimientos, pero la pauta de la protección contra el coronavirus dió nuevo aliento. Al rededor de 50 repartidores — todos manteniendo la distancia segura de más de 1,5 metro entre si — se juntaron para reclamar a la intendencia y a las empresas de apps guantes, barbijos, alcohol gel y más seguridad para poder trabajar. Después de reunidos, salieron en caravana por las calles de la capital. Además de estos que se juntaron, otros 50 decidieron quedarse en sus casas y no trabajar.

A su vez, en São Paulo la manifestación no tuvo una gran adesión, aunque se registró al menos 500 repartidores que apagaron sus aplicaciones en el horario acordado. Existen dos formas más utilizadas por los repartidores para presionar a las empresas: hacer caravanas y bloquear las calles con sus vehículos y mochilas de reparto, o simplemente apagar la aplicación y no aceptar pedidos. La táctica de apagar la app es ya conocida por el gremio: empezaron Rappi, Ifood y Uber Eats, cuando los valores por entrega estaban muy bajas y había menos repartidores y grupos de Whatsapp para articular, muchos acordaban en apagar simultáneamente sus aparatos para que el precio dinámico de la entrega aumentase. Después de media hora o una hora, prendían las aplicaciones y el valor de los mismos pedidos ya había subido.

Si durante la crisis del coronavirus los trabajadores de reparto de apps se volvieron uno de los principales “sostenes” de la vida en confinamiento, puede que ahora sea el momento de revertir las inmensas ganancias de estas empresas multinacionales en mejores condiciones de trabajo. Además, exigir la máxima protección a las empresas para que no caiga en los repartidores el riesgo y las pérdidas de sufrir el contagio por el coronavirus (ha circulado en los grupos que ya se confirmó la primera muerte por coronavirus de un repartidor).

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